¿Qué es la Educación Popular Feminista?

Críticas y aportes desde una perspectiva feminista a la Educación Popular

Primero, un poco de contexto histórico.

La Educación Popular (EP) se desarrolló en América Latina durante las décadas de 1960 y 1970 en un en un escenario atravesado por dictaduras militares, procesos revolucionarios, movimientos campesinos y obreros, y la influencia de la teología de la liberación. En ese marco, la propuesta pedagógica de Paulo Freire planteó la educación como una práctica política orientada a la concientización, el diálogo horizontal y la transformación social mediante la articulación entre reflexión y acción (la famosa praxis). Esta perspectiva concibió el proceso educativo como una herramienta para que los sectores populares analizaran críticamente su realidad y actuaran sobre ella.

Durante las décadas siguientes, particularmente a partir de los ‘80s, los movimientos feministas latinoamericanos comenzaron a revisar críticamente las experiencias organizativas y pedagógicas existentes, incluidas aquellas vinculadas a la Educación Popular. En encuentros feministas regionales, procesos de organización barrial, espacios campesinos y colectivos urbanos, se fueron elaborando análisis que sumaban la dimensión de género como categoría estructural. Es decir que, además de comprender las desigualdades en términos de clase social, también había que incluir las relaciones patriarcales, la división sexual del trabajo, las violencias de género y las formas específicas de exclusión que atravesaban a las mujeres y disidencias. En ese cruce se consolidó la Educación Popular Feminista, sistematizada por autoras como Claudia Korol, Marcela Lagarde y Julieta Kirkwood, entre otras.

Para entender mejor los aportes sumados en este debate, tomamos como ejemplo la definición del libro “Hacia una pedagogía feminista: Géneros y educación popular” de las compañeras educadoras populares de Pañuelos en Rebeldía:

Tomamos del feminismo varias pistas para pensar nuestras perspectivas políticas; entre ellas: 1) la crítica a la dominación capitalista y patriarcal; 2) el sistemático cuestionamiento a la cultura androcéntrica; 3) la reflexión que apunta a la deconstrucción de las categorías duales, binarias; 4) la búsqueda de horizontalidad y de autonomía; 5) la valoración del diálogo en la práctica política; 6) la radicalidad en la denuncia de los ordenamientos que pretenden disciplinar el campo de quienes resisten la dominación.

La Educación Popular Feminista mantiene la apuesta por la transformación social, pero amplía su marco analítico al integrar género, sexualidad, raza, colonialidad y cuerpo como dimensiones centrales del proceso educativo. También propone metodologías horizontales, circulares y participativas, y reconoce la experiencia cotidiana como fuente legítima de conocimiento político.

Educación Popular Feminista en Berlín.

En el Centro de Educación Popular Lohana Berkins (CEP), estos aportes forman parte de nuestra práctica cotidiana. Trabajamos con personas migrantes en Berlín, en un contexto donde las desigualdades se expresan no sólo a través de la clase social, sino a través del idioma, el estatus migratorio, la precarización laboral y las formas específicas de violencia de género y racialización. Traducir la educación popular y los aportes feminista a esta realidad implica generar espacios donde se articulen aprendizaje lingüístico, comprensión de derechos y fortalecimiento comunitario y organizativo.

Nuestra composición institucional también refleja esta perspectiva: aproximadamente el 70% del equipo de trabajo son mujeres y disidencias. En los cursos, la participación también es mayoritariamente feminizada, con entre un 75 y 80% de mujeres y disidencias por grupo. Estos datos muestran quiénes encuentran en el CEP un espacio de formación política, intercambio y organización.

En todos nuestros formatos pedagógicos, trabajamos con metodologías que combinan análisis estructural, experiencia biográfica y construcción colectiva de herramientas para la autonomía. La educación popular feminista no es un complemento a nuestro trabajo: es una base para pensar la formación política en contextos migrantes.

La EP propone una educación democrática y emancipadora como herramienta fundamental de los procesos de transformación liderados por los movimientos sociales a favor de los intereses económicos, políticos y culturales de las mayorías. Entonces estamos hablando de un proceso formativo cuyos objetivos son pedagógicos y políticos al mismo tiempo, un proceso que busca construir una mirada crítica de la realidad para la emancipación de las personas y no para su dominación.

Creemos que esta es la clave, y es por eso que nuestro foco está concentrado en este momento en el diseño de espacios educativos que puedan dar respuesta a algunas necesidades concretas de la comunidad migrante en Berlín, como son la necesidad de comunicarse en alemán y poder participar activamente en la sociedad, incluyendo espacios de debate y organización política; la necesidad de conocer sus derechos laborales y las formas de organización laboral en Alemania; y la necesidad de crear espacios culturales donde expresarse en el propio idioma, disfrutar del arte y acercar el acceso a la cultura.

En el marco del 8M, hablemos sobre educación, trabajo y género.

El 8 de marzo, establecido por la II Internacional como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, nos recuerda que las desigualdades de género están profundamente vinculadas a las condiciones materiales de existencia. En sociedades atravesadas por estructuras patriarcales y capitalistas, millones de mujeres sostienen una doble jornada: trabajo remunerado precarizado y trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, base invisible sobre la que se reproduce el sistema económico. En este escenario, la educación no es un ámbito neutral: es una herramienta central para comprender estas estructuras y disputar su transformación.

La educación popular feminista ha subrayado históricamente la importancia de la autogestión y la construcción comunitaria como formas de autonomía política. La producción colectiva de conocimiento, el sostenimiento mutuo y la organización desde abajo no son solo metodologías pedagógicas, sino prácticas concretas de transformación social. En esa línea, la Comunidad CEP es la herramienta autogestiva del Centro de Educación Popular Lohana Berkins para sostener su existencia y autonomía. A través de aportes solidarios mensuales, personas que valoran este proyecto político-pedagógico contribuyen a que continúe ofreciendo formación y espacios de organización para la comunidad migrante en Berlín. Sostener este proyecto político-pedagógico en Berlín es una forma concreta de apoyar procesos de autonomía, formación y transformación social.

Nos vemos en el camino de la transformación social: en las aulas y en las calles. ¡Arriba lxs que luchan!

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